Los constantes asaltos aterran a los pasajeros de colectivos en Tucumán

Hay cosas que saca y otras que pone en la cartera. Tendrá que tomar el colectivo (viaja en la Línea 124), y Silvia Suárez abre su bolso y deja sobre la mesa todo lo que sea de valor. Antes de salir, guarda el arma de defensa personal que ella misma fabricó: un látigo. “¿Podés creer que tenga que salir con esto para defenderme?”, preguntó.

Silvia no es la única que tiene miedo cada vez que sube al ómnibus. Los pasajeros de las Líneas 122 y 124 -ambas comunican la capital con Alderetes y Banda del Río Salí- también toman sus recaudos. Tienen un protocolo: sacar la documentación de la cartera o no llevarla; guardar la billetera y el celular en los bolsillos; y mantener la mirada atenta hacia ambos lados en la parada.

Para conocer la gravedad de la situación, la prensa subió a varias unidades de ambas líneas y conversó con choferes y usuarios.

El primer ómnibus fue un 124 conducido por Oscar Miranda Barros. De inmediato el chofer contestó que todo lo que se dice sobre los asaltos es cierto. “Suben en la terminal o en el parque (9 de Julio) y te roban pasando el puesto de la Policía, antes de llegar al puente Ingeniero Barros”, precisó.

El chofer confirmó que no se salvan ni los pasajeros y que los horarios “pico” de los asaltantes son los de la siesta y la noche. “Suben en grupo, con puntas o armas de fuego”, indicó. Después del asalto, bajan y escapan por debajo del puente, hacia “La Costanera”.

“Acá les roban a dos o tres choferes por día”, alertó, aunque Miranda Barros todavía se mantiene invicto. Su colega de la misma línea, Sebastián Robles, no corrió la misma suerte. “Tres veces me asaltaron, la última fue hace dos semanas”, señaló el conductor.

El hecho ocurrió a las 21.30, cuando una chica le hizo seña en “El Palomar”. “Paré para que subiera ella, pero por detrás se metió un flaquito. Apenas pasé un lomo de burro se acercó, sacó un revólver, me lo puso en la cabeza y me pidió todo. A los pasajeros también les robó”, recordó Robles.

El chofer confirmó que ese tipo de delitos es frecuente en Banda del Río Salí y Alderetes. “Lo peor es que no se conforman con nada y a veces nos pegan. La primera vez que me robaron, me golpearon y me tiraron un montón de cuchillazos a la cara. Por suerte me pude cubrir con el brazo, pero me lastimaron la pierna y me rompieron el pantalón”, agregó con bronca.

Indefensos

La reciente hazaña de un chofer corrió de boca en boca en las distintas unidades. Miranda Barros volvió a contar la anécdota. “El otro día un compañero reconoció a dos ladrones antes de que lo asaltaran”, afirmó. El conductor simuló que había pinchado una rueda y detuvo la marcha antes de llegar al puente, donde hay un puesto policial. “Se bajó y les dijo a los policías que llevaba dos pasajeros que le habían robado anteriormente”, relató. Entonces los uniformados aprehendieron a los delincuentes y les quitaron el cuchillo y el revólver con los que pretendían cometer el asalto.

A Federico Oscari, chofer de la 122, lo atacaron hace tres semanas. “Suben de a dos o tres, se mezclan en el medio de la gente y uno que está solo no se puede defender. Uno sale con miedo”, confesó el conductor.

María Palomino, una pasajera, presenció un asalto cuando regresaba de trabajar en el 122. “Veníamos tres personas. Subió un muchachito que se cambiaba de asiento a cada rato y ya era sospechoso. Hasta que en un momento se le trepó al chofer con un cuchillo, pelearon, frenó el colectivo y recién lo largó. Habrá tenido 14 años”, estimó la mujer. El hijo de María también fue víctima de un robo. “Lo asaltaron en el 124 a las 10. Le quitaron la billetera, el celular, todo”, contó. Como esta, son muchas las historias que viajan en colectivo rogando que no se repitan.

S.M.TUCUMAN – Contexto Tucumán y Otros – 04.11.13